Nuevos retos en tiempo de confinamiento

La pandemia del coronavirus nos ha cogido a todos por sorpresa. Nos ha obligado a cambiar nuestros hábitos,l la manera de trabajar y de relacionarnos para dar respuesta a los retos que supone esta crisis sanitaria. La primera de otras. Nuevos retos en tiempo de confinamiento.

El estado de alarma y el confinamiento impuesto para paliar la actual crisis de salud ha obligado a muchas empresas a instaurar el teletrabajo. El objetivo: intentar minimizar las consecuencias del parón económico.

El problema reside en que, debido al actual estado de emergencia sanitaria, el teletrabajo se ha implementado deprisa y corriendo. Las empresas han intentado digitalizarse en un tiempo récord y eso no siempre es positivo. Que una organización convierta su trabajo presencial en uno virtual al 100% supone una serie de retos y adaptaciones tanto por parte de los directivos como de los trabajadores. En circunstancias normales, llevaría su tiempo y se haría de manera gradual.

El teletrabajo en España

Según datos de la Encuesta de Población Activa, sólo el 4,3% de los trabajadores teletrabaja en su domicilio. Una cifra muy baja si nos comparamos con otros países europeos, en los que la tasa se sitúa en el 17%. Esto es 13 puntos menos que en EE.UU, según un estudio realizado por la Organización Internacional del Trabajo y Eurofound. El mismo documento revela que sólo el 13% de las empresas ofrece a sus trabajadores esta posibilidad.

La nueva situación provocada por el coronavirus está imponiendo el teletrabajo. Esto supone no sólo cambios en la manera de trabajar y de relacionarse, sino también en la manera de liderar y de dirigir a los trabajadores a distancia. Tenemos que realizar videoconferencias y, todavía más importante, nuevos vínculos de confianza y de cooperación.

En más de una ocasión he comentado que los directivos del siglo XXI tienen que desarrollar grandes dotes de liderazgo. Trabajar su autoconocimiento y su gestión emocional. Hay muchos retos por delante: la globalización, la mayor competitividad, la crisis económica, el auge de las nuevas tecnologías… Ahora se le ha sumado un nuevo desafío: dar respuesta a la crisis sanitaria y económica que supone la pandemia del COVID-19.

Ante la crisis originada por la pandemia, necesitamos líderes con una gran tolerancia a la incertidumbre. Con un adecuado manejo del estrés, con una gran adaptabilidad al cambio, que sepan innovar y con una gran capacidad de liderar, de cohesionar y de motivar a su equipo desde la distancia.

Si la gestión de conflictos es compleja presencialmente, a distancia se vuelve más difícil y requiere líderes de una gran madurez emocional

¿Estamos preparados para el teletrabajo?

A nivel de conectividad, España es el tercer país de Europa en conexiones de fibra óptica. Ello implica el 65% de las conexiones de banda ancha fija. Asimismo, el 99% de la población tiene cobertura a las redes móviles 4G, por lo que los medios para hacer posible el teletrabajo existen.

En cambio, el sindicato UGT ha denunciado que en en los contratos laborales de los últimos 5 años tan solo el 3,24% posibilita el teletrabajo.

A nivel laboral, el teletrabajo tiene una serie de ventajas para los empleados, pues se ahorrarían tiempo y costes en desplazamientos y resultaría más fácil conciliar la vida laboral y familiar.

¿Y qué supone el teletrabajo para la organización?

El teletrabajo está regulado en el artículo 13 del Estatuto de los Trabajadores. Establece que los empleados tienen los mismos derechos que en el trabajo presencial y que el acuerdo tiene que estar por escrito. Asimismo, es la empresa la responsable de facilitar al trabajador los medios tecnológicos (ordenador, teléfono, conexión wifi) y las medidas de protección necesarias en materias de seguridad y salud. Todo ello si el teletrabajo se hace de manera continuada, no en circunstancias extraordinarias como la actual cuya finalidad es prevenir los contagios masivos.

A primera vista, esta inversión puede suponer un coste añadido para las organizaciones. Pero también tenemos que pensar que, por otra parte, supone un ahorro en costes de alquiler, luz, calefacción y mobiliario de oficina.

A nivel personal

Por tanto, el principal escollo para el teletrabajo está en las relaciones personales. Si pasar de un liderazgo vertical a un liderazgo horizontal está suponiendo todo un reto, ahora tenemos que dar un paso más. Es el momento de liderar a distancia superando los problemas de comunicación, de confianza y de control de los resultados y de la eficiencia de los equipos.

¿El teletrabajo viene para quedarse?

Antes de la crisis del coronavirus ya se hablaba mucho del teletrabajo como una buena manera de ahorrar costes, de reducir contaminación (pues se pueden realizar videoconferencias a nivel internacional evitando vuelos) y de mejorar la conciliación. De hecho, muchas empresas internacionales lo venían combinando con el trabajo presencial y no les ha supuesto un gran esfuerzo implementarlo al 100% durante este periodo.

Todavía es pronto para saber si el teletrabajo se quedará con nosotros o no, pero varios de los profesionales y expertos con los que hablo a diario comentan que las organizaciones que se estaban planteando implementarlo, ahora están más convencidas de sus ventajas,

También coincidimos en que para que el teletrabajo sea una realidad más allá de la crisis del coronavirus, es necesario hacer un cambio de mentalidad que pasa por hacernos más responsables de nuestro trabajo, sentirlo como algo propio. Tenemos que dejar de lado la mentalidad de que hay un superior que tiene que estar controlando mi dedicación y mis resultados. De igual manera, será más necesario crear una cultura de empresa en la que directivos y trabajadores compartan la misión, visión y valores de la organización, teniendo todos muy claro el para qué del proyecto empresarial. Que todos se sientan partícipes incrementará los niveles de implicación, compromiso y lealtad.

Otro aspecto clave será el fomento de las relaciones interpersonales para fomentar la confianza y la cooperación entre los distintos miembros de la empresa. En estos momentos de transición y de adaptación, los procesos de coaching transaccional son indispensables para que todos los miembros de la organización remen unidos para llevar a buen puerto el proyecto empresarial.

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