La procrastinación y cómo superarla

Te apuntas al gimnasio pero siempre encuentras excusas para no ir. Te dices frases como: «Ya empezaré mañana, total por un día no pasa nada» o nunca encuentras el momento para ordenar las facturas o para estudiar inglés. Esta tendencia que tenemos a aplazar las asuntos pendientes o a demorar nuestras obligaciones, se llama procrastinación. Todos en algún momento, hemos dejado para mañana lo que podíamos hacer hoy, pero si esta actitud se vuelve habitual, puede llegar a convertirse en un trastorno de la personalidad que debe ser tratado por profesionales para indagar en las causas de la procrastinación ya que este comportamiento, a parte de ir en detrimento de nuestra autoestima, puede llegar a tener serias consecuencias en nuestras relaciones tanto personales como profesionales.

Imaginemos una persona que en su trabajo siempre posterga sus obligaciones o que se compromete a realizar alguna tarea en casa y siempre la deja para más adelante. La procrastinación será vista por su jefe o por su pareja como una dejación de sus responsabilidades y, por tanto, le generará problemas como el despido o la ruptura de la relación.

En el proceso de procrastinar, pasamos por tres fases: una primera, en la que nos sentimos rechazo por la actividad u obligación que tenemos que realizar, una segunda de ocupación, en la que sustituimos la tarea a desempeñar por otra que nos agrada y la tercera de justificación, en la que aparece la típica frase de «no pasa nada, ya lo haré mañana» que busca contrarrestar el posible sentimiento de culpa o convencer a la persona que nos está reprochando nuestra falta de responsabilidad.

Ejemplos de procrastinación

Las obligaciones que normalmente solemos aplazar son:

  • Todas aquellas relacionadas con el día a día: ordenar y limpiar la casa, planchar, revisar las facturas, reparar cosas del hogar,….
  • Las relacionadas con nuestro cuidado personal como empezar una dieta, hacer deporte, dejar de fumar, ir al médico,…
  • Las obligaciones con las personas que nos rodean como pasar más tiempo con nuestra pareja, resolver un conflicto con un familiar, jugar con nuestros hijos, implicarnos en las obligaciones familiares,…
  • También en el ámbito profesional, podemos procrastinar cuando no nos preparamos suficientemente una reunión, entregamos tarde un informe o no nos apuntamos a una formación que nos puede ayudar en nuestra carrera profesional.

Causas de la procrastinación

  • Normalmente, detrás de la procrastinación está evitar realizar una tarea o una obligación que no es de nuestro agrado. Imaginemos un niño que no se pone a hacer los deberes porque prefiere jugar a la nintendo. El niño elude su responsabilidad porque le resulta más placentero jugar. Si sus padres se lo permiten, está aprendiendo que se pueden aplazar las obligaciones y que no pasa nada. Por tanto, la procrastinación puede ser una actitud aprendida. Cuando sea adulto, seguirá postergando sus obligaciones y aplazará todas aquellas que no sean de su agrado como por ejemplo fregar los platos, llevar el coche a pasar la ITV o ir al dentista, sustituyéndolas por otras más placenteras.
    Por tanto, la procrastinación puede tener su origen en un aprendizaje. De pequeños hemos aprendido a postergar aquellas obligaciones y tareas que no nos agradan y de adultos seguimos haciéndolo porque es nuestro patrón conductual.
  • Estudios psicológicos indican que la procrastinación también es más habitual en personas que padecen estrés, ansiedad y depresión porque se sienten menos capaces de asumir las obligaciones cotidianas. Una persona que atraviesa problemas personales o laborales que le producen tensión emocional, pierde vitalidad y energía, lo que la puede llevar a no sentirse con fuerzas para atender todas sus obligaciones. De igual manera, su malestar emocional la puede llevar a una dejación de sus tareas y a ocupar su tiempo en distracciones más placenteras que le ayuden a «olvidarse» y no pensar en lo que le preocupa o le causa sufrimiento.
  • La procrastinación también es común en personas que se sienten agobiadas porque abarcan más tareas de las que pueden. Son las típicas personas complacientes que no saben decir que NO y que se embarcan en mil actividades. Eso las lleva a dejar de un lado aquellas tareas que tienen que ver consigo misma o con las personas de más confianza. Por ejemplo, no ordenarán la casa pero si que le harán el favor a ese amigo que se lo ha pedido porque no quieren quedar mal con él. O se quedarán más horas en el trabajo para complacer al jefe y no se encargarán de las tareas domésticas que tienen asignadas, generando un conflicto con la pareja.
  • Otro motivo por el que la persona puede postergar una tarea o una obligación es por inseguridades propias. En este caso, se trata de personas perfeccionistas que se dicen que no son capaces de realizar aquella tarea concreta. Su miedo a equivocarse y a fracasar, les lleve a aplazar sistemáticamente esa tarea para así evitar el posible fracaso.
  • Otra causa de la procrastinación es la baja tolerancia a la tensión. Si hay alguna actividad que nos provoca tensión o nerviosismo como, por ejemplo, conducir de noche, discutir con nuestra pareja para solucionar un problema o prepararnos para unas oposiciones, intentaremos evitarlas, postergándolas para no sentir esa tensión.

Sea cual sea la causa que origina la procrastinación, es importante que la persona tome medidas para solucionarla porque el hecho de estar postergando sus obligaciones, al margen de los conflictos que puedan generarle con las personas de su entorno, también repercute en su bienestar emocional, mermando su autoestima y generándole estrés y ansiedad ya que la persona es consciente de que está aplazando sus obligaciones, lo que le provoca sentimientos de culpa y la tensión de estar buscando constantemente excusas para justificar su comportamiento.

Cómo superar la procrastinación

  1. Tomar conciencia de aquellas obligaciones que postergamos y averiguar cuál es el motivo: ¿es algo que nos aburre, que nos da miedo o que nos sentimos obligados a hacer para complacer a los demás? Saber cuál es el orígen de la procrastinación, nos ayudará a recuperar el control de nuestras vidas.
  2. Si postergamos una situación porque nos da miedo, podemos empezar por realizarla de manera progresiva. Imaginemos que nos da miedo conducir, no es necesario que el primer día recorramos una gran distancia. Podemos coger el coche de manera progresiva o con la compañía de algún amigo para ir ganando confianza.
  3. Si la causa es que no nos sentimos seguros porque pensamos que no tenemos capacidad para esa actividad en concreto, podemos buscar apuntarnos a alguna formación que nos permita desarrollar las habilidades necesarias para realizarla con éxito. Imaginemos que tenemos que dar una conferencia y no somos buenos oradores, podemos tomar clases para aprender a hablar en público.
  4. En ocasiones, el motivo es que esa actividad nos aburre. Pongamos por caso, limpiar la casa. Podemos buscar maneras de hacerlo que nos hagan la tarea más amena como escuchar música mientras realizamos la tarea. También nos será de utilidad motivarnos el pensar lo bien que nos sentiremos cuando veamos la casa limpia y ordenada.
  5. Para incorporar nuevos hábitos como hacer dieta, ir al gimnasio o dejar de fumar, lo importante es enfocarse en el beneficio para nuestra salud y proponernos un día para empezar. Cada día le dedicaremos un tiempo fijado previamente y cuando lo hayamos cumplido, nos haremos un regalo como por ejemplo un baño caliente, una buena película, un paseo por el parque,… De esta manera, nos retroalimentamos positivamente.
  6. Cuando se trata de evitar confrontaciones como puede ser una discusión, es importante analizar cuáles son nuestros sentimientos y valorar los pros y los contras de no resolver el conflicto.
  7. Si postergamos porque nos sentimos saturados de obligaciones porque intentamos abarcarlo todo y complacer a todo el mundo, es el momento de aprender a decir que NO y a delegar.
  8. Nos puede ayudar hacer una lista de todas nuestras actividades y obligaciones y priorizarlas para organizarnos mejor el tiempo.


Sea cual sea el motivo de la procrastinación, el primer paso siempre es tomar consciencia de nuestro comportamiento y de los perjuicios que tiene para nosotros, tanto para nuestra autoimagen como para nuestras relaciones. Una vez tomemos conciencia de nuestra realidad, estaremos en condición de decidir cambiar para hacernos más responsables y tomar las riendas de nuestras vidas. A partir de ahí, la fuerza de voluntad y la constancia son nuestros mejores aliados.

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