El Coaching Transaccional aumenta la productividad de la empresa

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Invertir en mejorar las relaciones personales dentro de la empresa revierte en una mayor productividad.

La mayoría de las organizaciones con éxito y que han conseguido aumentar su productivdad y ser más efectivas, coinciden en que las personas son su mayor activo. Todd Davis, uno de los grandes coaches, afirma que «un trabajador feliz es un trabajador leal y comprometido con los objetivos de la empresa».

Un estudio realizado por Franklincovey (empresa especializada en la mejora del desempeño) concluyó que «los resultados logrados por las unidades de mayor y de menor desempeño tenían que ver, fundamentalmente, con la calidad de las relaciones tanto con los clientes como con los empelados». Por tanto, las organizaciones con relaciones más satisfactorias y de mejor calidad tanto con sus clientes como con sus empleados, tienen resultados significativamente superiores a las empresas con relaciones promedio.

Una empresa está integrada por personas y éstas, como seres sociales, necesitan relacionarse y ser reconocidas. Reconocimiento y relación son necesidades emocionales básicas que toda persona intentará cubrir sea de una manera adecuada o inadecuada.

¿Qué quiero decir con esto? Trataré de responder con una serie de preguntas:

– ¿Qué sucede si no se dan relaciones satisfactorias entre los trabajadores? Que estallan los conflictos.

– ¿Qué ocurre si un trabajador no se siente escuchado y valorado por su jefe? Que se desmotiva, deja de tener iniciativa, de ser proactivo y, por tanto, es menos eficaz.

En una organización en la que se instaura la desmotivación y los conflictos proliferan, la productividad disminuye, llegando a comprometer el futuro de la organización.

Las personas para sentirse felices y gozar de una buena salud emocional, necesitan relaciones de calidad; crear vínculos de confianza, de respeto y de cooperación, necesitan tener un sentimiento de pertenencia con el grupo y sentir que éste la valora. A nivel psicológico, está demostrado que si una persona no obtiene un reconocimiento positivo (que sus opiniones sean escuchadas, que se reconozca su trabajo, que se valoren sus ideas,…), buscará un reconocimiento negativo (que se le llame la atención, que se le critique,…) ya que como seres sociales que somos preferimos que nos «traten mal» a que nos ignoren. Las personas no soportamos el aislamiento, con lo cual , ante la ausencia de reconocimiento positivo, buscaremos el reconocimiento negativo provocando discusiones, chantajes emocionales, conductas disruptivas y toda clase de dinámicas disfuncionales que derivarán en un mal ambiente de trabajo que provocará un desplome de la productividad.

Todas estas dinámicas de poder generan una cultura pasivo-agresiva malsana que pone en peligro los valores del equipo y de la organización (como la confianza, la honestidad, la autenticidad, el respeto, la cooperación,…) ya que predominan los chismes, los malentendidos, los reproches, las medias verdades y los falsos rumores, instaurando un clima de desconfianza, de malestar y de recelo. La organización entra en lo que el Coaching Transaccional denomina un proceso de triangulación (patología organizacional) en la que el conflicto se extiende ya que las distintas personas que integran el equipo se dedicarán a sabotearse de manera encubierta para vengarse y cuestionar la credibilidad del otro, perdiendo una gran cantidad de tiempo y de energía en juegos de poder que lejos de conducir a la resolución del conflicto, lo retroalimentará, fragmentando al equipo en grupos y coaliciones que tomarán posturas cada vez más enfrentadas.

Llegados a este punto, el objetivo y propósito común del equipo se pierde ya que las personas que lo integran no tienen el sentimiento de pertenencia, sino que la desconflianza y la enemistad se ha instalado, enquistándose y haciéndose crónico el conflicto. Se vive una situación de «sálvese quien pueda», en la que los miembros del equipo dejan de lado sus funciones y responsabilidades, pues están más ocupados en los juegos pisoclógicos y las dinámicas de poder, provocando un desplome en picado de la productividad.

A esta situación de conflicto crónico y de triangulación patológica no se llega de la noche a la mañana, sino que es como un cáncer que avanza lentamente. Cualquier malentendido, cualquier rumor, cualquier problema mal resuelto puede provocar un resentimiento que va creando un malestar latente que irá in crecendo de manera silenciosa y ulterior. En un primer momento, puede pasar desapercibido o se le suele restar importancia, pensando que el problema se solucionará solo. Pero no es así, la persona que se ha sentido ignorada, no valorada o puesta en evidencia delante de sus compañeros, (rol de víctima) irá urdiendo una red de «salvadores» para aliviar su malestar, creando una serie de vínculos con personas afines a ella, a las que pondrá en contra, con toda serie de chismes y medias

verdades, de los compañeros o directivos que ella considera que la han humillado. De esta manera, se crean unas relaciones triangulares que dan inicio a los juegos psicológicos que se extienden por toda la organización, instaurándose en su cultura organizacional. Por ello, los coachs transaccionales nos referimos a una empresa enferma.

Por este motivo, las empresas que tienen mejores resultados son las que invierten en la salud emocional de sus empleados pues son conscientes de que el bienestar de sus trabajadores está estrechamente relacionado con su rendimiento y eficiencia.

El Coaching Transaccional ofrece a las organizaciones recursos y estrategias para mejorar las relaciones personales pues sabe que la calidad de las relaciones entre los miembros que la integran define la salud de la organización y se traduce en un aumento de su productividad.

Un coach transaccional ayuda a todos los miembros de la organización a conocerse mejor, potenciando sus talentos y habilidades, a gestionar de manera adecuada sus emociones para minimizar los malentendidos y desarrollar estrategias que les permitan resolver de manera satisfactoria los conflictos. Asimismo, fomenta el sentimiento de pertenencia, cohesionando al equipo mediante técnicas de team building porque sabe que el todo es mayor que la suma de las partes.

Begoña Serra

Coach transaccional

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